Radium Girls: víctimas a las que le debemos mucho…

Mujeres pintando esferas de relojes con pintura con radio

En 1917, el envenvenamiento por radio de un grupo de mujeres en Orange, Nueva Jersey, puso título a esta historia, la historia de las chicas del radio (radium girls). No muchos la conocen, y deberían, puesto que les debemos mucho. Por eso vamos a publicar esta nueva entrada con la historia de estas chicas norteamericanas que cambiaron el mundo laboral para siempre, y no lo hicieron a un precio precisamente bajo.

Es una dramática historia que finalmente desembocó en el actual sistema de prevención de riesgos laborales tras numerosas luchas contra la justicia norteamericana y sociedad médica de la época, y con sacrificios humanos.  Y todo comenzó en plena I Guerra Mundial, cuando miles de empleadas entraron a trabajar en las fábricas de relojes luminiscentes que necesitaban los soldados en el frente para poder ver la hora incluso en las oscuras noches…

Trabajadora de la fábrica
Las trabajadoras confeccionaban más de 200 relojes al día, y con cada dígito que pintaban tragaban parte de la pintura. Mientras los químicos masculinos que confeccionaban la pintura en la planta superior de la fábrica trabajaban con guantes de protección, pinzas, mascarillas y pantallas de plomo para protegerse de la radiactividad.

Esta fábrica de la muerte se llamaba United States Radium Corporation, y en muchos aspectos se parecía a nuestra propia fábrica de la muerte: la FUA. En ella las jóvenes empleadas trabajaban pintando con sus pinceles los números y manecillas de las esferas de los relojes. La pintura que empleaban contenía radio para dar luminiscencia a estos relojes y sentido al slogan de la compañía: “Made possible by the magic of radium!“. Ajenas al peligro, puesto que nadie las informó de la peligrosidad, las trabajadoras se llegaban a pintar las uñas, sus dientes o sus rostros con la mortal pintura, y trabajar a diario con la pintura sin ningún tipo de protección ni información.

La pintura empleada se conocía como Undark, y estaba compuesta por sales de radio, pegamento y sulfuro de zinc con una formula inventada por William J. Hammer, quien años antes Pierre y Marie Curie le proveerían de muestras del elemento que habían descubierto en 1898. El sulfuro de zinc tiene propiedades fotoluminiscentes cuando recibe luz o calor, en este caso el calor irradiado por el radio 226. Y si bien es cierto que en la época de Curie se desconocían los efectos adversos de la radiactividad, cuando la U.S. Radium Coporation comenzó a usar estas pinturas, ya se conocían los problemas causados por estos elementos.

Los relojes no solo eran populares en el frente, también se extendieron entre la población civil, y ante los recientes descubrimientos, la compañía aseguró que sus relojes eran seguros para su uso militar y civil, además de que insistir en que la pintura que usaban era totalmente inocua. Lo primero era cierto, no presentaban problema para los usuarios de los relojes, pero no era así para las trabajadoras expuestas. Además de esto, la empresa contrató a jóvenes trabajadoras porque se les podía pagar un sueldo inferior a la mano de obra masculina…. Incluso se instruía a las jovenes muchachas a mojar el pincel en la pintura y luego ponerlo entre sus labios para afilar la punta y obtener un mejor resultado.

Le sorprendía a la gente la luminiscencia que salía de sus bocas, pero no sería lo único que resaltaría, ya que al poco tiempo comenzarían a surgir los primeros problemas de salud. Una de las primeras fue Grace Fryer, que comenzó a ver cómo sus piezas dentales se le caían y comenzaba a sufrir terribles dolores en su mandíbula debido al osteorsarcoma maxilar. Al intentar relacionar estas dolencias con su antiguo empleo en la fábrica de relojes, Grace intentó localizar a sus ex compañeras, pero solo localizó a tres, puesto que el resto ya habían fallecido o se encontraban gravemente enfermas con anémicas severas, tumores, fracturas óseas, necrosis, etc.

Grace Fryer enferma
Grace Fryer enferma.

Las supervivientes  llevaron el caso a juicio en 1920, pero la empresa usó su poder para coartar al poder judicial, crearon informes falsos, e incluso llegaron sobornar a médicos para que declarasen a su favor, negando que el radio y la radiactividad no tenía nada que ver con aquellos problemas de salud, sino que la causa emanaba de la sífilis por la “promiscuidad” de estas jóvenes. Los jueces, debido a las presiones, se afanaron en retrasar en lo posible el el caso, y las mujeres cada vez estaban más débiles o incluso llegaron a morir antes de ver una resolución. Pero finalmente llegaron hasta la Corte Suprema, y a un acuerdo para indemnizar a las 5 únicas que aún quedaban vivas. Un dinero que tendrían que emplear en los cuidados que necesitaban o en sus propios funerales que no tardaron en llegar.

 

Finalmente, debido a la gravedad del asunto y el impacto tan grande en la sociedad por lo mediático del caso, el Congreso de los Estados Unidos votó una resolución a favor de establecer una serie de derechos para los empleados que por la exposición en sus trabajos contrayesen enfermedades laborales, así como la creación de bases de seguridad para la prevención de estos riesgos.

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